Por desgracia

TOLERANCIA CERO CON LA VIOLENCIA, TODAS LAS VIOLENCIAS DE GENERO. Desde que entró en vigor la LIVG (Ley Integral Violencia de Género), muchas mujeres han sido salvadas de sus maltratadores, a muchas mujeres se les ha ayudado y protegido. Pero en ciertas ocasiones esta Ley también ha sido usada de modo injusto, a modo de arma contra hombres inocentes. Es comprensible que los gobiernos niegen la existencia de las denuncias falsas, pero el clamor de cientos de hombres que han sufrido el abuso y la tortura provocados por este mal uso, no es ninguna insignificancia que se pueda pasar por alto. Desde enero de 2007 este blog intenta servir como fuente de información que en muchas ocasiones no es fácil recopilar. El aporte de cientos de colaboradores que encuentran las noticias o que cuentan su propio caso, hacen posible este trabajo. La historia sigue y CONTINUAN apareciendo DENUNCIAS FALSAS, la parte positiva es que las mentirosas comienzan a ser castigadas con cierto rigor.

jueves, 5 de febrero de 2009

El caso de Daniel Sánchez Díaz

Escribe Daniel Sanchez Díaz:
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Hola a todos,

Yo nunca escribo mails, odio escribir aquí y la mayoría de las veces que me llega un mail simplemente lo borro. Sin embargo hoy me siento en mi cuarto a escribir este mail. No se por que, y no se si a alguien le importara algo. A algunos si, a otros les dará igual, pero necesito gritar y no puedo abrir la boca. Al menos aquí, por un rato, puedo escribir lo que me ocurre, ya que mañana puede que ya no pueda volver a mi casa, o a sentarme en mi cuarto, o a escribir un mail.

Hace seis años que conocí a la madre de mis hijos, una noche de carnaval. Me pareció una chica guapa, simpática y cariñosa. Mis amigos me decían que no me acercase a ella, pero no les hice caso. Empecé una relación con ella, y a los pocos días... me dijo que estaba embarazada. Desde entonces mi vida ha sido una pesadilla. Lo único bueno que recuerdo de esos años es el nacimiento de mis dos hijos, a los que quiero con toda mi alma.


Primero me separó de mis amigos, usando mentiras para que no me acercase a ellos, amenazándome con dejarme si lo hacía. Después me separó de mi familia, aislándome por completo del mundo. Por último, me aisló de mi propia vida, degradándome como solo un padre permitiría por el bien de sus hijos. Insultado, privado de cualquier atisbo de honor, con la cabeza agachada, soporté la peor de las torturas de mi vida, a la que se le sumo la muerte de mi padre y numerosos problemas en mi trabajo por no poder hacer frente a todo lo que tenia encima.

Cansado, hastiado de vivir, no me quedo otra que marcharme de la casa en la que vivía, una pequeña casa que apenas podíamos pagar porque ella se negaba a trabajar, dejándome a mi con la responsabilidad de llevarlo todo adelante. Cuando llegué a casa de mis padres, pensé que la pesadilla había acabado, que cada uno iría por su lado y que mis hijos por fin podrían tener algo de paz, sin escuchar los constantes gritos que la madre por culpa de sus nervios nos daba a mi y a mis hijos. Pero mi pesadilla solo acababa de comenzar.

Al día siguiente de marcharme, me llama ella por teléfono, pidiéndome el 70 u 80 por ciento de mi sueldo. Incapaz de darle tanto dinero, le digo que es imposible y que le pasare el dinero que corresponde por ley, ya que no puedo pagar más. Ella me dice que si no se lo doy por las buenas, se encargará de conseguirlo por las malas. Unos pocos días después me tengo que sentar en el juzgado de La Línea a prestar declaración por varios supuestos delitos de malos tratos. La ley la respalda a ella. A ella, que se hace valer de la ley para hundir lo poco que quedaba de mi, separarme de mis hijos y hacerse con una pensión mensual por ser una supuesta mujer maltratada. Yo no puedo o no quiero creer que me estén haciendo algo así. Soy socio de Cruz Roja, tengo apadrinada a una niña de India, soy cariñoso, amable, sincero... y me sientan como un criminal en una silla para que declaré por varios delitos que no he cometido.


A los pocos meses me llega otra denuncia. Ha espaciado las denuncias para que la condena de una se solape con la otra y acabe en la cárcel. Esta vez me acusa de abusar de mi hija pequeña. Mi niña, que me dio una razón para seguir viviendo cuando me encontraba en el peor momento de mi vida, la única persona que me hacia sonreír cuando murió mi padre, la niña a la que cogía en brazos y la paseaba por mi casa cantándole nanas para que durmiese. El mundo se me viene abajo.

Ahora, tres años después, me encuentro a un día de sentarme en el banquillo del acusado como un criminal que no soy. Piden cuatro años y medio de cárcel para mi, solo por este juicio.

Tengo miedo. Mucho miedo. No puedo creer que la justicia, justicia que he defendido toda mi vida, como civil y como militar, me pueda condenar mañana a vivir encerrado entre rejas, despojado de lo poco que me queda, mi dignidad.

No se para que puede valer este mail, pero cualquier palabra de apoyo, mensaje de animo, cualquier cosa que me digáis me ayudara mañana a poder levantar la cabeza y mirar a la jueza a los ojos y a enfrentarme a un destino que no puedo evitar. Si conocéis a alguien que se encuentre en la misma situación que yo, dadle ánimos. Enviad este mensaje a quien podáis para que conozcan como es la justicia en este país, y quienes tengan hijos, abrazadlos fuerte, muy fuerte, como yo no puedo hacer con los míos desde hace años.

Ningún hombre debería pasar por esto, nunca, jamás.

A los que hayáis permanecido aquí, leyendo esto hasta el final, gracias por escucharme. Que los dioses, o Dios, o lo que quiera que haya por encima de nosotros, haga justicia mañana.


Gracias,
Daniel Sánchez Díaz
mailto:daniel_sanchez_d@hotmail.comm