Por desgracia

TOLERANCIA CERO CON LA VIOLENCIA, TODAS LAS VIOLENCIAS DE GENERO. Desde que entró en vigor la LIVG (Ley Integral Violencia de Género), muchas mujeres han sido salvadas de sus maltratadores, a muchas mujeres se les ha ayudado y protegido. Pero en ciertas ocasiones esta Ley también ha sido usada de modo injusto, a modo de arma contra hombres inocentes. Es comprensible que los gobiernos niegen la existencia de las denuncias falsas, pero el clamor de cientos de hombres que han sufrido el abuso y la tortura provocados por este mal uso, no es ninguna insignificancia que se pueda pasar por alto. Desde enero de 2007 este blog intenta servir como fuente de información que en muchas ocasiones no es fácil recopilar. El aporte de cientos de colaboradores que encuentran las noticias o que cuentan su propio caso, hacen posible este trabajo. La historia sigue y CONTINUAN apareciendo DENUNCIAS FALSAS, la parte positiva es que las mentirosas comienzan a ser castigadas con cierto rigor.

sábado, 9 de enero de 2010

¡CUANTOS HOMBRES INOCENTES ESTARÁN SUMIDOS EN UN INFIERNO COMO EL MÍO!»

MIGUEL ÁNGEL TORRES
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Doy fe de que el infierno existe. A él me llevaron sin merecerlo el 28 de febrero de 2004. Jamás olvidaré aquel día. Seis años han pasado ya, consumido día y noche por el dolor, la enfermedad y las pesadillas.
La mujer de la que me había separado no dudó en acusarme entonces de haber abusado sexualmente de mi hija de dos años. Fue su venganza. La peor. Ella mentía, pero la Justicia le creyó.
En el interrogatorio, sin dar crédito alguno a mis palabras, la Guardia Civil hizo que me sintiera un ser despreciable, repugnante, un monstruo. Yo, para ellos, era sin duda lo que aquella mujer quiso hacer de mí: un malvado acosador, un padre que había abusado nada menos que de su propia hija. Y lo peor es que todos los que tenían la obligación de buscar la verdad creyeron aquella infamia.
Con ese estigma de acosador sexual he tenido que malvivir seis largos años. Como una sombra de mi mismo. Enfermo y con dos intentos de suicidio a cuestas.
¿Qué fácil resulta destrozar de por vida la existencia de una persona? Bastó que mi ex mujer me pusiera una denuncia falsa y que un médico, sin pruebas concluyentes, avalara sus interesadas palabras con un diagnóstico equivocado.
Ahora la Audiencia de Sevilla me ha absuelto. Dice la Justicia, por boca de un forense, que las rojeces que mi niña tenía en la zona genital se las había hecho ella misma al rascarse, debido al picor que le provocaban las lombrices.
Esa es la verdad. Y lo era también antes, cuando me condenaron a no ver a mi pequeña. Así de sencillo. Nada de la agresión sexual; sí una denuncia falsa por la que aún hoy sigo sufriendo en silencio.
Con la etiqueta de acosador he tenido que convivir a todas horas, todos los días, todos estos años. He tenido que esquivar las miradas intencionadas de vecinos y de amigos, buscar en el recuerdo de mi hija, de la cual me apartaron para entregársela en exclusiva a la mujer que me acusó falsamente, la fuerza necesaria para levantarme por las mañanas.
Sé que mi pequeña habla de su padre como «el hombre malo». No puedo tener en cuenta las palabras de una niña a quien le han inoculado el odio hacia mí. Ella es inocente. Después de tantos años manipulada, nadie se ha preocupado de decirle que tiene un papá muy bueno, que se desvive por ella y que la está esperando. Destrozado pero esperándola.
Porque desde aquel maldito día, cuando fui interrogado tras la falsa y grave acusación, no puedo dormir más de una o dos horas seguidas. He perdido mi trabajo de albañil en unos grandes almacenes, estoy sumido en una depresión crónica, lo que me obliga a seguir un tratamiento psicológico. A mis 37 años ya no puedo trabajar como antes, cobro una pensión de 301 euros y sigo peleando contra el cáncer de colon y piel que me han detectado. Pero con todo, lo que más temo en esta vida es no poder ver a mi hija, que no pueda recuperarla, sentir sus caricias...
No pienso en las dos veces que intenté suicidarme. La primera, en 2005, un año después de la denuncia, tirándome por un barranco. La última, en 2007, con analgésicos, estando yo solo en casa. Mi hermana me encontró dando botes en mi cama. Me salvaron in extremis. Me sentía el malo de la película.
Me pregunto cuántos hombres inocentes, y hay muchos, estarán sumidos en un infierno como el mío. Por eso, quienes aplican la ley deberán ser más firmes en estos casos. Hay que investigar a las dos partes... Porque el daño físico y psicológico que puede causar una denuncia falsa es inhumano.
Un golpe brutal.
La Justicia, aunque no siempre ciega, acaba de ver que aquel «hombre malo» no existe. Y a uno le queda el consuelo de que nunca es tarde para recuperar una existencia que, en mi caso, lleva seis años muerta.
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2 comentarios:

MANUEL dijo...

HOLA,al leer tu historia y saltarseme las lagrimas por fin he comprendido que a parte de haber sido un niño maltratado tambien he sido un hombre maltratado,a lo largo de mi vida y en distintas relacciones he comprendido que solo he sido un burro de carga el cual no hacia mas que ingresar dinero y ser servicial con mis parejas llegando a disolverse casualmente todas estas relacciones al faltar el preciado tesoro,se disolvian y he pasado a ser un mal padre por obra y arte de la politica que ha enloquecido haciendo caso a las FEMINAZIS,mi hijo ya esta siendo maltratado y espero que no pierda el raciocinio en el futuro por que yo nada o muy poco voy a poder hacer por el,lo unico seguir dandole a su madre dinero que por otra parte nadie se preocupa en xigir que se utilice para beneficio de mi hijo,ANIMOS A TODOS LOS QUE ESTEIS PASANDOLO MAL Y SOBRE TODO NO PERDAIS EL RACIOCINIO ES LO QUE NOS DIFERENCIA DE LAS MAQUINAS y a la postre es lo que pretenden para avalar asi esta mal llamada ley de igualdad.

carlos dijo...

Somos muchos las personas que por tener demasiada buena fé y confiar ciegamente en ellas hemos caído en las trampas que las normas radicales feministas nos colocan.
Cuando más te metes en la trama jurídica más perdido estás. Todo el mundo conocemos muchos casos cercanos en que la mujer utiliza lloros, quejas, ultrajes inexistentes para aniquilar a la pareja. Lo peor del caso es que en todos los medios jurídicos y los agentes dicen que conocen la situación y que no pueden hacer nada; pero luego te utilizan en el juego. La única solución es que nos unamos todos en una sola voz (organización y reunión) para hacer cambiar las leyes. Ojo, no estoy hablando de los casos verídicos de maltrato (que son una minoría) sino el de la gente honrada (que son la mayoria)