Por desgracia

TOLERANCIA CERO CON LA VIOLENCIA, TODAS LAS VIOLENCIAS DE GENERO. Desde que entró en vigor la LIVG (Ley Integral Violencia de Género), muchas mujeres han sido salvadas de sus maltratadores, a muchas mujeres se les ha ayudado y protegido. Pero en ciertas ocasiones esta Ley también ha sido usada de modo injusto, a modo de arma contra hombres inocentes. Es comprensible que los gobiernos niegen la existencia de las denuncias falsas, pero el clamor de cientos de hombres que han sufrido el abuso y la tortura provocados por este mal uso, no es ninguna insignificancia que se pueda pasar por alto. Desde enero de 2007 este blog intenta servir como fuente de información que en muchas ocasiones no es fácil recopilar. El aporte de cientos de colaboradores que encuentran las noticias o que cuentan su propio caso, hacen posible este trabajo. La historia sigue y CONTINUAN apareciendo DENUNCIAS FALSAS, la parte positiva es que las mentirosas comienzan a ser castigadas con cierto rigor.

sábado, 24 de noviembre de 2012

Denuncia Falsa contra un abogado: Valentino.




Hola, soy abogado, aunque esa condición no me ha salvado de ser víctima de denuncia falsa por maltrato psicológico.
 
Quiero compartir con ustedes este artículo que escribí recientemente, el cual adjunto.
 
Un cordial saludo.


El cromosoma “xy” como culpabilidad.

Antes de todo hemos de dejar claro que los conceptos esbozados en el presente artículo no persiguen en modo alguno atenuación o justificación a las conductas de maltrato femenino de cualquier naturaleza.

Desde hace algunos años, por justísimas razones, muchos países occidentales han adoptado leyes tendentes a la protección de las mujeres víctimas de cualquier tipo de maltrato por parte de sus parejas, todo ello al través de la creación de instituciones de asistencia y auxilio a la víctima, así como del endurecimiento de las penas para los autores de tales hechos desdeñables. En esta evolución han jugado un papel preponderante los medios de comunicación que en buena medida han colaborado en el proceso de concienciación de la sociedad en procura de atajar el flagelo de la violencia de género.   

Como en tantas otras cuestiones inherentes a la justicia, la problemática se incrementa cuando no se cuenta con jueces, fiscales y agentes judiciales con la  profesionalidad, independencia y probidad suficientes para una gestión adecuada de una materia tan puntillosa como la de la violencia de género, dentro de la cual se amalgaman aspectos psicológicos, sociales y jurídicos que dan una significativa complejidad a este desgraciado fenómeno humano.

Aunque no suele plantearse por miedo a ser estigmatizado, frecuente es el uso abusivo que se hace de las denuncias por violencia de género, muy especialmente en lo que se refiere a la de maltrato psicológico, el cual, por sus características de intangibilidad, su veracidad resulta más difícil de comprobar.

Algunas mujeres, con propósitos malsanos, optan por hacer uso incorrecto y abusivo de los mecanismos y resortes judiciales que se han articulado con el noble y loable objetivo de proteger a la mujer ante verdaderas agresiones de sus parejas.

El éxito de tales denuncias falsas reside en el manejo poco riguroso que les dan a estos asuntos gran parte de las instancias judiciales encargadas de la aplicación de la normativa vigente, las cuales en muchas ocasiones hacen gala de un temerario desprecio por la verdad, dejándose arrastrar por la tendencia irracional de creer sin fisuras lo declarado por una mujer ante esta jurisdicción y sin reparar en lo más mínimo sobre los daños irreversibles que se le ocasionan al sujeto injustamente denunciado.

La mera presentación de una denuncia por malos tratos psicológicos detona una avalancha de actuaciones automáticas que coloca al hombre denunciado en una indefensión casi absoluta, en donde su cromosoma “xy”, es decir, el formar parte del sexo masculino, se erige en un elemento irrefutable y concluyente de culpabilidad.

Para quienes creemos en el Estado de Derecho, conlleva a una enorme preocupación encontrarse ante un proceso en el que con frecuencia brillan por su ausencia inestimables contribuciones de la Revolución Francesa, como lo son los principios de “presunción de inocencia” y el de que todos somos iguales ante la ley”.

Cabe hacer mención de la actual preocupación en algunos países europeos ante el auge de las denuncias falsas de maltrato femenino, situación que está empañando la credibilidad de un mecanismo legal tan útil y necesario para los casos que realmente lo requieren. A tal punto ha llegado la degeneración, que hoy día en algunos países se ha llegado a la desvergüenza de crear website en las cuales se proporcionan entrenamiento a las mujeres para la formulación de tales denuncias infames.

En el Reino Unido la moda ha sido bautizada como “The Silver Bullet” (La Bala de Plata), consistente en denunciar al marido por malos tratos psicológicos, arma infalible que consigue la imposición automática de medidas cautelares y por consiguiente la sombra de la sospecha que deberá soportar el denunciado para siempre.

Esta misma semana, el Almería, ha sido desmantelada una red cuyo quehacer consistía en preparar denuncias falsas de maltrato a mujeres inmigrantes para la obtención de ayudas económicas y facilidades en el proceso de obtención de permisos de residencia.

Ninguna relación humana está exenta de tensiones y contraposiciones de criterios. En una pareja las pequeñas discusiones y disgustos constituyen lógicas incidencias de la relación, se necesitan  profesionales verdaderamente cualificados, sin retroalimentación, que puedan escudriñar en la maraña de las relaciones de pareja y detectar si real y efectivamente se están produciendo episodios de violencia psicológica que justifiquen la intervención judicial.

Para que exista maltrato psicológico tienen que darse una serie de características específicas que tienen muy bien aisladas los estudiosos de la materia. Javier Madina, prestigioso psicólogo español especialista en Violencia Familiar, al referirse a la violencia psicológica, puntualiza: “Lo más difícil es la violencia psicológica, y aquí volvemos a encontrarnos con un escollo complicado, porque la violencia psicológica es algo más que un insulto. Yo creo que en muchísimas relaciones de pareja en la que no existe maltrato, existen puntualmente insultos. Uno puede estar nervioso e insultar, y eso no significa necesariamente que se dé una situación de maltrato. La violencia psicológica es algo más que eso. Implica humillación constante, la desvalorización, el control de la otra persona, el control económico también, las amenazas, las vejaciones… Eso sería un poco lo que definiría la violencia psicológica”.

Estamos ante un fenómeno que para su comprensión es menester contar con una especial formación profesional. Un tema tan sensible no debe analizarse festinadamente y mucho menos seguir despreocupadamente la misma partitura para juzgar todos los casos y dejarse arrastrar por el simple hecho de estar en consonancia con la “fruta del tiempo”.

Es más que justo el clamor social en contra de la violencia de género, lo que resulta inadmisible es alimentar un fanatismo en torno a dicha aberración que impida un análisis objetivo, e irreflexivamente alimentar  una atmósfera inhóspita para una llamada de atención sobre el fenómeno.

Ninguna persona o autoridad con verdadera vocación de justicia puede tolerar que se combata una injusticia con otra, pues de permitir semejante barbaridad estaremos dando cabida a una versión moderna de la Santa Inquisición medieval, en este caso la calidad de hereje vendría dada por la sola presencia del cromosoma “xy”.

Valentino Baroni
Abogado